Cuando aquel muchacho pendejo llamado Yeiker Guerra, "El chamo de Petare", habló en CNN, hubo orgasmos entre el sifrinaje.
Que los desórdenes del último mes y fracción en Venezuela son un peculiar sacudón protagonizado (y convocado, y financiado) mayoritariamente por ricos y gente de clase media, es algo tan palmario y evidente que hasta un flemático periodista inglés se percató de ello y no tuvo corazón para guardarse sus impresiones al respecto.
Tema aparte: la incorporación de elementos mercenarios cuando ya el guarimbero "raso", el ciudadano tocador de cacerolas, se cansó o se percató de que llenar de basura unas calles no iba a tumbar al Gobierno.
El caso es que esa falla de origen, la falta de pueblo pobre que legitime el presunto carácter "popular" de la rabieta que le hace coro al golpe de Estado, ha llevado a los artífices de la propaganda ultraderechista a "fabricar" personajes para tratar de reforzar la idea de que Venezuela es todo un país que rechaza a su presidente y que quiere derrocarlo.
Recordatorio, para ubicarnos en el contexto sicológico: estamos hablando de una corriente (el antichavismo) que en su desesperación por dar con un vocero que apoye a los empresarios pero que parezca populachero, ha llegado a apostarle a fichas como Manuel Rosales y El Conde del Guácharo, sin contar con los innumerables fenómenos regionales y locales registrados en todo el país.
De Yeiker Guerra a Julio "Coco"
Para conseguirlo (o para intentarlo) los propagandistas del agite sifrino han buscado personas que se amolden a lo que es su opuesto exacto, cosa que parece fácil a la hora de echar mano de los clichés racistas y clasistas más comunes: se busca muchacho joven, negro, pobre y sin militancia partidista para usarlo como imagen del "venezolano de a pie" que detesta al chavismo (es decir, al proyecto que nos dio poder y justicia a los pobres, negros, jóvenes y sin militancia).
La estrategia ha conseguido engañar a cierto público extranjero, pero aquí dentro del país ha fracasado y seguirá fracasando, porque usted no puede hablar como un idiota de Caurimare o Macaracuay y pretender que le crean que habla en nombre de la gente de Catia o La Vega.
Cuando aquel muchacho llamado Yeiker Guerra, "El chamo de Petare", habló en CNN, hubo orgasmos entre el sifrinaje: por fin alguien que ellos odian naturalmente, por su color de piel y por vivir donde dice que vive, se declaraba antichavista y reclamaba el derrocamiento de Nicolás Maduro. Unas pocas horas bastaron para que la payasada se desmoronara: el Yeiker es en realidad dirigente de Primero Justicia y además dirige las finanzas del partido, cosa que explica en buena parte el montón de gráficas en las que aparece paseando su natural burgués por París y otras ciudades de Europa.
El otro intento mediático pareció siempre más underground, más chabacano, menos elaborado: el señor Julio "Coco" echó mano de su canal de youtube para difundir unos mensajes de tanto patetismo que en pocos días se convirtió en curiosidad internetera: se trataba de otro hombre negro, con un verbo lo suficientemente silvestre como para que el sifrinaje lo considerara "otro joven del pueblo" que salía a maullar su antichavismo, no porque se lo ordenaran sino porque le salía espontáneamente hacerlo.
De internet saltó a CNN, por supuesto; ante el violento desinfle de Yeiker había que buscar urgentemente otro negro y este Julio "Coco" calificaba, prometía, lloraba, hacía bulla, era de La Pastora: convencía. Hasta que SE LE SALIÓ lo que algún día tenía que salírsele: el presunto muchacho del pueblo sin militancia partidista ha resultado ser una pieza de Bandera Roja, el partido más traidor a las causas populares de la historia de Venezuela.
Aquí, mansamente y sin que lo puyaran mucho, soltó prenda.
Lo dicho: ni manipulando o deformando identidades logran hacer creíble la fábula del escuálido de barrio que al abrir la boca parezca coherente. Es decir: que traicione a la causa de los pobres desde su condición de pobre. Seguramente lo seguirán intentando.
Laiguana.tv